¡Adiós Keko!, te voy a echar mucho de menos…
Escrito el 4 de septiembre del 2008 por Carlos Roda
Archivado en la categoría: Animales y mascotas
Debido a que ya empecé la temporada fuerte de trabajo, a que vinieron mis padres de Málaga, y también a algún problema técnico del blog, llevaba varios días sin actualizar, y lamentablemente tengo que hacerlo con una entrada que no me hubiese gustado realizar al menos en mucho tiempo, pero no se le pueden pedir imposibles a la vida, ni luchar contra el paso del tiempo.

Érase una vez un pequeño cobaya llamado Keko, que entró en mi vida hace cinco años y medio en uno de los tantos momentos difíciles por los que pasé. Fue un regalo de un amigo veterinario y cuando lo puso encima del sofá de mi casa, en un principio pensé que se trataba de un hámster, de lo pequeñín que era, apenas tendría dos o tres semanas, y lo primero que me llamó poderosamente la atención fueron sus ojitos negros, grandes y espabilados, y aunque estaba asustado enseguida lo cogí en mis manos y empecé a acariciarlo para que se tranquilizase. A partir de ese momento sólo nos separábamos en ocasiones puntuales (vacaciones de verano, Navidad) y no más de 15 días, y por supuesto siempre lo dejaba al cuidado de dos buenos amigos, Juan Carlos, y últimamente Valentín, para que no le faltase la comida, el agua, y para que viese a alguien casi a diario en mi ausencia y no se sintiese abandonado. Lo llevaba en el bolsillo de la camisa cuando estaba en casa y cuando todavía era pequeño. Un día, al poco tiempo se puso algo mal por que le fallaban las dos patitas de atrás, aunque comía bien, y gracias a la pulpa de exprimir las naranjas, y más tarde a la leche templada que vaciaba en un par de horas del bebedero se recuperó rápidamente debido a su tremenda vitalidad, y supongo que en parte también a mis cuidados.

Creció sano y alegre, y se convirtió en un precioso cobaya, tan guapo como travieso, simpático, juguetón, vivaz, listo y mimoso, y enseguida se hizo querer por todos los que le conocían, incluidos mis padres, sobre todo mi madre, no muy amante de tener animales en casa, y a la que conquistó rápidamente con su simpatía. Entre sus costumbres estaba la de curiosear por toda la casa a sus anchas, esconderse debajo de la cama de mi habitación, quizá porque de pequeñín me lo llevaba a dormir allí, y también debajo del sofá del salón cuando yo estaba allí viendo la tele; le gustaba corretear por el pasillo hasta la cocina, su territorio, después de venir una y otra vez a la habitación donde tengo la mesa de trabajo y los ordenadores a jugar y a provocarme mordiendo la alfombra; me esperaba casi todas las mañanas cuando me levantaba para trabajar delante de la puerta de la nevera y me recibía con sus característicos grititos para pedirme su ración matinal de lechuga, cosa que repetía también a mi vuelta, por la tarde, por la noche, cuando abría la nevera y cuando le apetecía por si colaba, y caía ración extra, si no me seguía por toda la cocina mientras preparaba la comida y se me subía encima de alguno de los pies cual desesperado y hambriento animalillo; de repente se ponía a dar saltitos de alegría que acompañaba de un pequeño gritito y de algunos movimientos graciosos de su cabecita, y luego se ponía a ronronear como un gato, onomatopeya que también hacía cuando lo acariciaba. Le encantaba también espatarrarse en su jaula cuando le cambiaba el serrín, y pasarse las tardes dormitando.
Pero el paso del tiempo es inexorable para todos, y los años pasan de diferente manera para ellos, al igual que para otros muchos animales, y Keko el gordi, el precioso cobaya tan travieso, simpático y comilón, se hizo muy mayor y viejito y fue perdiendo toda esa vitalidad que tenía, y desde hace poco más de mes y medio su deterioro físico fue en rápido y progresivo aumento, hasta que en la pasada madrugada del miércoles día 3, su pequeño corazoncito dejó de latir después de unos días en los que ya ni apenas comía, dejando el mío, ya de por sí bastante maltrecho, con un gran dolor y un tremendo vacío. Keko, todos los que te conocimos te vamos a echar mucho de menos, especialmente yo por supuesto. Gracias por alegrar mi vida durante estos años con tu simpática y regordeta presencia. Ahora descansas en el campo, entre arbustos y matorrales cerca de casa. Espero que estés correteando por algún lugar mucho mejor que este mundo que ya has dejado. ¡Adiós pequeño amigo!… Hasta siempre…

20 comentarios en la entrada “¡Adiós Keko!, te voy a echar mucho de menos…”
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Ah,que pena Carlos lo siento muchísimo de verdad.
Ayer estuve a punto de dejarte un comentario preguntando si te ocurría algo,porque me daba la sensación de que algo te pasaba por no escribir en tu blog en varios días.A veces parezco bruja,porque noto cosas.
Bueno,es una lástima lo del precioso Keko.Lo único bueno que se puede pensar en estos momentos es que mientras vivió estuvo muy bien cuidado contigo,con los mimitos y los cariños propios de alguien que adora a su animalillo.
Muchos abrazos para tí y ánimo!!!
Pues ya te lo dije pero lo vuelvo a dejar aquí. Que lo siento mucho.
Se va a notar su falta en llanera, con lo mono que era.
Si al final hasta a mi madre le costaba fingir que le caía mal… (Ya sabes como es… no reconoce algo ni a tiros)
En cualquier caso ánimo y adelante.
Carlos, me ha dado mucho sentimiento leer esto. Lo siento mucho que ya no esté keko contigo y que lo estés pasando mal.
No hace nada te estuve contando lo de mi Toby y recuerdo con la pasión que me contabas sobre Keko. Que así es la vida…
Ánimos y un fuerte abrazo.
Gracias Nienna, sé que lo sientes de verdad, y sí, tu mal presentimiento era cierto desgraciadamente. En fin, como bien dices, me quedan todos los buenos momentos que pasé con él, al menos creo que tuvo una vida bastante feliz, tranquila, y estuvo muy bien cuidado a mi lado.
Un saludo y un fuerte abrazo para ti también.
Gracias Dany, tienes mucha razón, se va a notar mucho su falta aquí en casa, sabes que Keko el gordi era especial además de muy guapo y simpático el muy granuja. Todavía me acuerdo cuando lo cogió tu hermano por primera vez cuando era chiquitín y de lo asustado que estaba le dejó “un recuerdo” en el polo tan chulo que traía. Un abrazo campeón
Gracias Jenny, sé que lo sientes también, y siento que te haya recordado a lo mejor a lo de Toby, y si te dio mucho sentimiento leerlo, imagínate yo mientras lo escribía, y cuando lo volví a leer varias veces, y cada vez que veo sus fotos y entro en la cocina y veo el sitio vació, donde estaba su jaula con su casita de madera dentro, llevo unos días con unas lloreras, incluso antes de que se muriera, que ya estaba el pobre muy malito, pero bueno, así es la vida como bien dices…
Un beso y un fuerte abrazo Jenny.
Un abrazo y ánimos `_^
Siempre es un palo tremendo perder un animalito … los llegamos a querer tantísimo!!
Pero piensa en todos los momentos buenos que pasaste con él y recuérdalos siempre. Como tú dices es ley de vida …
Qué precioso era Keko! Y qué gordete!
Un abrazo Carlos. Muaks!
que pena T.T uff que mal yo cuando perdi a mi perruna me dio muxa pena T.T
un saludo
Gracias Lucía, aunque suene fuerte y a tópico, es verdad que los llegamos a querer incluso más que a algunas personas.
Un saludo
Gracias Sick, y sí… yo que voy a decir además, pero si que era precioso el gordinflón de Keko.
Otro abrazo para ti y un beso.
Gracias Cjfuentes. Un saludo
Pues llego un poco tarde para comentar en esta entrada, y para decir algo que no se haya dicho ya. Tan sólo espero que pases rápidamente los malos momentos, que son los primeros días y meses, quedándote con un bello recuerdo del gordi de Keko.
Me acuerdo de cómo se asustaba cuando salía de la cocina y le pegabas un susto porque sabía que estaba haciendo algo malo, aunque veo que extendió sus dominios en los últimos tiempos, debe ser que se portaba cada vez mejor.
Yo creo que mejor haberlo conocido, que no haberte perdido su presencia y compañía, aunque ahora te duela separarte de él.
Un besote y un abrazo, mis mejores deseos para que estés bien.
No te preocupes Bender, nunca es tarde, la intención es lo que cuenta, y te lo agradezco de corazón, sé el cariño que tienes a los animales, y además tú conociste a Keko, fíjate como te acuerdas de ese detalle. Es que mira que era simpático y travieso el muy jodío, lo que me reía con él… y por supuesto que mucho mejor haber disfrutado de su compañía en estos años, alegrándome la vida que no haberlo tenido, pero bueno ya sabes que lo quería mucho y ahora estoy bastante fastidiao, pero bueno…
Gracias otra vez por tus ánimos campeón. Otro beso y un fuerte abrazo para ti también.
Carlos, acabo de leer lo de Keko… lo siento mucho por tí , se como le querías; tu madre lo habrá pasado mal también.
Un beso.
Siento mucho lo de Keko. Sé la compañía que te hacía. Creo que aun debo tener alguna foto suya de las que me pasaste hace 4 años en el ordenador.
Un abrazo y ánimo.
Rafa
Gracias Elsa, pues sí la verdad que es increíble el cariño que sentía por Keko, aquí en casa todos lo echamos de menos, hasta mis amigos que venían a cuidarlo cuando yo no estaba se llevaron un disgusto tremendo. Pero así es la vida.
Un beso para ti también Elsa
Gracias Rafa, se agradece mucho, es verdad que me hacía mucha compañía, más de la que muchos se puedan imaginar por tratarse de un cobaya, pero es que Keko era mucho más…
Un fuerte abrazo campeón.
[...] Keko, pequeño amigo, echo tanto de menos todas tus simpáticas travesuras, tus grititos pidiéndome [...]
[...] nudo en la garganta al recordarlo, puesto que una de las cosas que más me gustaba era acariciar a Keko y oír como ronroneaba, pues bueno, ahí van las [...]
[...] ¡Adiós Keko! Te voy a echar mucho de menos / David Doubilet – Deep Blue Sea (Mundo Submarino) [...]
[...] ¡Adiós Keko! Te voy a echar mucho de menos / Para comérselos… / Realismo Mágico Digital [...]
Me produce mucha tristeza leer esta entrada. Se muy bien como se siente uno al perder a un animalito con el que has vivido. Al que has querido, cuidado, tenido en tus manos y has observado con admiración y amor. Por que “eso” es amor. El amor común en pareja, puede terminar y desaparecer cuando menos te lo esperas; pero el amor a un animal con el que vives, no desaparece nunca. Ni después de que se ha ido. Es increíble la fidelidad que existe con una mascota a la que quieres.
Me ha emocionado. Aunque la entrada es del 2008, he sentido como si fuera ayer, cuando ocurrió.
Cuídate Carlos.
Abrazos.
Hola Alberto. Gracias por tus palabras, sé que lo has sentido de verdad, y no importa que haya pasado año y medio ya porque para mí sigue siendo muy reciente, de hecho me acabo de emocionar otra vez al ver las fotos de mi Keko y lo recuerdo a diario cada vez que entro en la cocina y veo vacío el rincón donde tenía su jaula con su casita de madera.
Sé que puede parecer una ñoñería para mucha gente ¡con todo lo que está pasando en el mundo!, y yo echando de menos a una cobaya, pues sí, y sé que no es comparable con el dolor y la tristeza que habrás tenido que pasar tú con tus perros, pero yo le cogí mucho cariño porque lo crié desde pequeñito y cuando estaba en casa me hacía mucha, pero que mucha compañía, y yo a él también supongo, aunque parezca otra tontería. Y como muy bien dices, ese amor no desaparece nunca, y es como si se hubiera ido alguien de tu familia. Pero bueno, que te voy a contar yo que no hayas pasado con tus preciosos perros Alberto.
Por cierto, yo tuve un perro cuando tenía 8 ó 9 años, Troski, y un gato también, y todavía le puedes preguntar a mis padres lo que yo lloré (y mi hermano también el pobre) cuando lo tuvimos que dejar en el campo al mudarnos de una casa en las afueras a un piso en la ciudad. Siempre me gusta pensar que fue mucho más feliz en el campo de lo que hubiera sido encerrado en una casa de ciudad la mayor parte del día sin poder atenderlo.
Mi intención y mayor ilusión desde hace ya mucho tiempo es adoptar uno, aunque de momento tendré que esperar hasta que no resuelva ciertos temas sobre mi futuro.
Muchas gracias por los ánimos, estoy en ello…
Un abrazo Alberto